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igal permuth: exposiciones: guatemala: museo ixchel: abril 1995
el evento
"Colores de tierra y piedra" Museo Ixchel (Guatemala, Abril 1995)

 
la crítica

COLORES DE TIERRA Y PIEDRA
EL VALLE Y LA SELVA
(Marco Augusto Quiroa)

Para los Permuth, padre e hijo, las cosas siempre han estado ahí, esperando que ellos lleguen y casi por arte de magia las metan en sus cajitas negras, de donde salen convertidas en milagrosas transformaciones de la realidad.

Ahí han estado siempre, pero ellos son de los pocos que pueden verlas y saben apresarlas y echarlas en su morral. Ahí han estado siempre, cerca y lejos de la mano, para poder tomarlas y guardarlas en las rendijas de la memoria; las altas cumbres de los Cuchumatanes entre la niebla del amanecer, con sus magueyes pitudos y los tejados mojados por el agua del tiempo, junto a las lagunas ciclópeas que copian nubes bajas y pájaros peridios, y ovejas que hilan fino el ovillo del sueño.

Y también han estado ahí, en las goteras del recuerdo, los viejos muros de Guatemala la Antigua, con costra sobre costra cubriendo sus desnudeces de arcilla y calicanto, de capa sobre capa de pintura que nunca llegará a Zacapa. Aquí la grieta del terremoto madrugador, el navajazo silencioso sobre el repello bronco, el rastro del relámpago culebreado sobre la piel encalada de las paredes.

Igal y Mario tienen el talento y la sensibilidad para aprehender a vista de pájaro agorero, el perfil de las cosas y los seres: La casa prendida en el delantal de la ladera, los puñales vegetales de los izotes pinchando el aire gélido de la mañana, los caminos que no llegan a ningún lado y vienen arrastrando pasos de nuevos puntos cardinales. Y junto a la ventana azul de vidrios empañados por miradas indiscretas, el chorro bermellón de los geranios, resguardado por fierros de metal dulce y sillares de piedra cincelada.

La meta es la misma y la pasión semejante.

Igal, el hijo, mira con los ojos del espíritu para captar esa energía deshilada que se enreda en las ramas deshojadas y en los charcos conquistados por espejos de sombra, y trepa por los cerros en aliento de niebla hasta llegar a cielos de códigos secretos, de claves luminosas, de misteriosos pórticos abiertos hacia mundos de oníricas ausencias.

Mario, el padre, bucea en mares de plana geometría, abre espacios reservados a un reino de abstractas maravillas; amarillos amurallados, azules recien bañados, rojos descubiertos en ceremonias de barro colorado, verdes sin escapatoria; entre el ojo y la pared, magentas prisioneros en recuerdos de bugambilias salidas del corpiño del verano.

Esto y mucho más son las fotografías de Igal y Mario Permuth. Muy cerca del arte y mul lejos de la fía eficiencia de la máquina. Su trabajo va mucho más allá del ¡clic! Y el cuarto oscuro. Igal descubriendo nuevos mundos, universos de sensibilidad en los "azules altos montes" de los Cuchumatanes que cantara el poeta, y Mario siguiendo las huellas de la Tatuana y el Sombrerón por los callejones ensombrecidos, olorosos a ocote y rapadura, a reseda y medianoche, de las viejas barriadas antigüeñas.

Su mensaje nos llega coloreado por las luces del valle y la alta luz de la tierra.

Abramos bien los ojos.

la obra
la prensa






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