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igal permuth: exposiciones: guatemala: sol del río: abril 1996
el evento
"Del cielo y del Suelo" Galería de Arte Sol del Río (Guatemala, Abril 1996)

 
la crítica
DEL CIELO Y DEL SUELO
S. Herrera U.

El arte fotográfico puede ser un espejo de la realidad, pero también puede abrirnos una ventana y facilitarnos una revelación, imposible por medios directos y conscientes, de la diferencia cualitativa que existe en la manera como nos aparece el mundo, y la manera como realmente es con toda la riqueza que esconde. Revelación que si no hubiera arte, permanecería oculta.

Desvelamiento, descubrimiento, revelación, desocultación…

No podría encontrar otro modo de decir lo que me dicen las obras fotográficas de Mario e Igal Permuth.

Uno de los papeles estelares del arte, si no su función principal es –en el lenguaje de Heidegger- devolver del olvido lo ocultado, es recuperar lo perdido.

La realidad se halla en torno de nosotros y en nosotros mismos, pero muy pocas veces la percibimos claramente. Ignoro quién suele tejer el velo que oculta ese significativo e imperceptible mundo que yace, no revelado, en de la realidad misma.

Es muy posible que la vida, con su constante exigencia a actuar y a hacer, nos impulse con obtener una percepción chata de las cosas. Vivir suele confundirse con obtener de los objetos la impresión útil; las otras impresiones, son vagas, confusas y "no sirven para nada". Los sentidos y la conciencia, por lo regular, nos brindan una simplificación práctica de la realidad, no vemos sino lo que necesitamos.

De ahí el desvelamiento que logran las obras de arte, pues nos introducen en una vida paralela, una vida oculta, y se llaman "obras" porque, a diferencia de las cosas útiles, no sirven para buscar un rendimiento cualquiera, sino que presentan la individualidad y grandeza de los cosas.

Esta serie de fotografías atrapa la lectura habitualmente omitida en lo que nos rodea, arranca las entretelas que cubren el oro ser de los lugares y situaciones, arropando la fugacidad de tantas visiones que, quizá por falta de suspicacia, quizá por empacho de imágenes poco sutiles, ya no vemos.

La grandeza del llamado buen arte es hallar y captar de nuevo, hacemos conocer esa realidad lejos de la cual vivimos, y de la que nos apartamos más y más a medida que se engrosa e impermeabiliza el conocimiento convencional con el cual la sustituimos.

Por el arte incursionamos en una vida paralela, una vida escondida que no puede ser observada y cuyas apariencias muchas veces necesitan ser traducidas y descifradas. Para Proust sería el retorno a las profundidades donde yace lo desconocido, para nosotros ahora es la revelación de otro mundo a través de una realidad fotografiada, esquiva, pero irrenunciablemente real que los Permuth nos presentan.

Del Cielo y del Suelo ofrece un amplio repertorio de verdades (verdad, a lo griego, como aletheia, como desvelamiento) que nos permiten el asomo a lo olvidado. Sin importar el sitio, el árbol o la grieta, nos sirve en bandeja una gama de posibilidades de asombro, pues es el drama de las artes, la naturaleza –el mundo visible- es un personaje que aparece bajo las mil máscaras. La naturaleza es todo y es cualquier cosa, ya sea que se le interprete ose le violente, que se la componga o se la reorganice que se tome por materia o por tema. Cada artista tiene sus particulares relaciones con lo que le rodea y desea hacernos sentir lo que experimenta ante ella, un poco retratándose a sí mismo en el intento.

Los artistas, y en este caso, los del rápido "clic", pero de la muy lenta y muy pensada toma, se preocupan mucho menos por reproducir lo que ven que por producir en nosotros la impresión que la realidad les causa, y ello exige una combinación sutil de la verdad óptica y de la presencia real de un sentimiento. Proceden por acentuación o por sacrificios; profundizan o aligeran su trabajo construyendo imágenes que transmitan aquello que incluso ellos mismos están descubriendo sobre la marcha.

Lo que el fotógrafo vio no lo vemos ya nosotros exactamente igual que él, pero el esfuerzo que hizo para apartar el velo, nos obliga imitarle.

La desocultación consiste, pues, en encontrar "la llave maestra" para abrir el mundo, para descifrar la naturaleza, y ahora, como por un vericueto mágico accedemos hacia una "realidad más real" que procede Del Cielo y del Suelo.

Los fotógrafos Mario e Igal Permuth se impusieron la tarea de revelar los misterios que guardan los viejos muros de la Antigua Guatemala y los monolíticos edificios de adobe de Taos, en Nuevo México, USA. Durante muchos años Mario se ha dedicado a registrar los signos estampados en el repello que el tiempo, la lluvia y el sol han borrado. Esta vez Mario abandona el aspecto "documental" en su fotografía y adopta una visión expresiva plena de color. En las paredes dormidas aparecen personajes, monstruos y fantasmas. Mario acepta el "accidente", en el sentido surrealista, producido por las reacciones fotoquímicas y la coloración con crayones, para obtener abstracciones que evocan el pasado y el sueño. La imprecisión y la inestabilidad de las figuras son como "disparadores" que incitan al espectador a buscar significados. Esta vez Mario va más allá de sus abstracciones bidimensionales, ahora se han vuelto en espacios que invitan ala exploración del inconsciente.

A Igal también le gustan los muros, pero los prefiere sin texturas; le gustan lisos y grandes para que sugieran espacios sin bordes. Por eso se fue a Taos, al desierto; al hogar de la pintora Georgia O`Keefe cuya obra nos induce a recordar a la pintura metafísica y a la de Chirico. Igal es un "iluminador", en el sentido de la iluminación de la coloración de las imágenes de los manuscritos de la Edad Media. El artista utilizó la fotografía infrarroja que reacciona al calor y no al color. La tierra, los árboles, el adobe y la madera tienen, cada uno, un grado diferente de calor y por consiguiente se representan en la fotografía con diferentes grados de claridad o de oscuridad. Todo lo que emana calor deja una especie de bruma. Las escaleras para acceder a los distintos pisos de las habitaciones de Taos se dejaron transparentes para evocar la subida al cielo.

la obra
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la prensa
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Revista Amiga, Abril 1996

Diario El Gráfico, Abril 1996

Siglo XXI, Abril 1996

Diario El Gráfico, Abril 1996

Prensa Libre, Abril 1996

Prensa Libre, Mayo 1996


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